Bermeo, un grupo de amigos, una desaparición y un misterioso personaje ataviado con un chubasquero amarillo.
Estos son los ingredientes del último libro de Jon Azkueta en el que cambia un poco el estilo al que nos tiene habituados y experimenta con otro género, el thriller. Aunque ya en su anterior novela (El último amanecer de agosto) coqueteó un poco con la intriga, en Las trece caracolas se adentra de lleno, sin perder su esencia y estilo.
La historia está narrada en primera persona por Nora, una joven de familia acomodada que no sabe qué hacer con su vida. Mientras se decide, le surge la oportunidad de trabajar para los socios de su padre en un alojamiento turístico que poseen en Bermeo. Allí conocerá al chico de los ojos azules, el atractivo Dylan, y su grupo de amigos, uno de cuyos miembros, Ane, ha desaparecido misteriosamente.
Al tiempo que Nora va conociendo e integrándose en el grupo, y descubriendo que la desaparición de Ane está rodeada de muchos secretos e inesperadas alianzas, comienza a ser atormentada por la inquietante presencia de una misteriosa figura vestida con un chubasquero amarillo que parece perseguirla. ¿Qué es lo que pretende?
Secretos, misterio, amistad y salseo. La novela resulta amena y entretenida de leer, aunque he echado un poquito de menos los mordaces diálogos y el humor que suele salpicar los libros de Jon.
Publicada por Cross Books, un sello que va orientado primordialmente al público juvenil o young adult , pero que nos hace disfrutar a cualquier edad.

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